Ferni seguía hablando acerca de las virtudes del “3 D Max” y yo sólo tragaba todo la comida que tenía a mi alcance. A esa altura ya me había dado cuenta de que Ferni era también lento para comer. Tardaba mucho en cortar la carne, demasiado en llevársela a la boca, y masticaba muy despacio. Tan despacio que mientras lo hacía me indicaba con una mano que lo esperara a que tragara para seguir hablando.
Yo pensaba: “No te hagás problema, que lo que me estás contando no me genera ninguna ansiedad por saber lo que sigue. Comé tranquilo“, pero no podía decírselo.
Ferni también doblaba la servilleta en dos, muy prolijamente, asegurando la simetría de las dos partes de una manera que me parecía obsesiva. Luego, se la llevaba a los labios y se limpiaba, muy delicada y lentamente.
Cuando había terminado de comer todo, absolutamente todo lo que estaba en mi plato, Ferni no había ingerido ni la cuarta parte del suyo. Pero yo no iba a pasar más tiempo escuchando descripciones del “3D max”. Quería saber sobre su novia, pero no me animaba a encararlo directamente. Entonces traté de entrar por otro lado y le pregunté a Ferni por qué en ese momento no estaba trabajando.
Él me dijo que tenía entrevistas, pero que no conseguía algo adecuado todavía, ya que quería que lo contrataran como gerente de infraestructura en alguna empresa multinacional de primera línea, porque lo suyo era el diseño de oficinas modernas y lujosas. No otra cosa.
Yo traté de hacerle ver que a lo mejor debía bajar un poco sus exigencias y aceptar un cargo menos importante. Pero Ferni se mantuvo en su postura y me dijo que él, con tantos posgrados hechos, no podía aceptar un cargo de menor jerarquía.
Le pregunté si en estos ocho años en que no nos habíamos visto había trabajado alguna vez y, para mi sorpresa, me dijo que no, que sólo había hecho algunas consultorías para un empresario amigo de su padre, pero en forma gratuita.
No me gustaba lo que escuchaba, pues yo también había estudiado mucho y sin embargo había aceptado un trabajo que no se correspondía con mi nivel académico, porque para mí era mejor eso a no trabajar. Si bien sabía que la posición económica de la familia de Ferni era bastante buena, mucho mejor que la mía, y que lo podían mantener sin trabajar, su actitud, soberbia respecto a la cuestión laboral, me molestaba mucho, máxime cuando él no tenía ninguna experiencia previa. Aunque por otro lado, este era un detalla que me venía muy bien para defenestrar a Ferni delante de mi padre, pues su conducta podía ser tachada como la de un vago que buscaba excusas para no trabajar nunca.
Y esta derivación de la conversación hizo que me animara a indagar sobre lo que yo quería:
- ¿Y tu novia no se queja de que no trabajas?
- No, no se mete en esas cosas. Además ella tampoco trabaja.
- Ah…- dije sorprendida- ¿ Y ella estudió algo?
- Si, es arquitecta también. Nos conocimos en la facultad.
- Ah…
- Pero lo suyo son las casas de country. Usa también el 3 D Max para hacer sus diseños. Le quedan muy lindos.
- Me imagino. ¿Y ella trabajó alguna vez?
. Si, trabajó bastante tiempo en una constructora, pero la desvincularon hace tres meses. Hoy justo se cumplen tres meses exactos.
- Ah, entonces tienen mucho en común. Te llevás bien con ella, ¿no?
- Más o menos, qué se yo…
- ¿Por qué?
- Porque ahora está medio deprimida y no quiere salir a ningún lado. Viene a mi casa, se queda a dormir y casi nada más. Si le digo de ir a cenar a veces me acompaña, pero si voy a alguna reunión con más gente no quiere ir.
- ¿Y por qué hace eso?
- No sé. Dice que se aburre…- dijo Ferni con expresión de resignación.
- ¿Y desde cuándo está así? ¿ Desde que perdió el trabajo?
- No, desde antes, desde el 19 de julio del año pasado.
- Ah… – dije, un poco extrañada de que Ferni recordara la fecha exacta.
- ¿Y adónde duerme en tu casa?- pregunté, con la intención secreta de saber si habían tenido relaciones sexuales, porque tratándose de Ferni podía muy bien no haberlas tenido todavía.
- En mi habitación, conmigo. A mis viejos no les molesta que tengamos relaciones en mi casa – me contestó Ferni sonriendo y un poco presumiendo.
- Ah…
- ¿Y adónde vive ella?
- No sé, en zona norte- dijo Ferni en forma despectiva.
- ¡¿Cómo no sabés bien dónde vive tu novia?!
- No es que no sepa, no me acuerdo el nombre del barrio. Es que no voy mucho a la casa. Ella viene a la mía.
-Bueno, pero no saber dónde vive… ¿no hace mucho que estás con ella ya?
- Si, el 22 de enero cumplimos cinco años. Pero ya te dije, no es que no sepa, es que no me acuerdo el nombre del barrio, nada más.- me dijo Ferni molesto.
-Bueno, perdoname, es que es raro que alguien no sepa el barrio donde vive la novia.
- Si, puede ser que esté mal, qué se yo. Es que ella es la que está más metida en la relación. Yo no tanto…
- Pero alguna vez habrás estado enamorado- indagué, con la intención maliciosa de oír lo contrario.
- Bueno, la verdad es que empecé a salir con ella y la pasaba bien. Pero nada más que eso. Ella me presionaba para algo serio pero yo le decía que hasta que no me enamorara no quería tener compromiso.
- Entonces te enamoraste- dije, sintiendo un poco de celos.
- Si, con el tiempo me enamoré- contestó Ferni haciendo gesto de ponerle comillas a la frase con sus manos.- Pero de otra manera. La empecé a conocer, a compartir cosas. Con el tiempo me empecé a encariñar, digamos. Por eso tardé dos años en llevarla a mi casa y presentársela a mis viejos. Tres en ir a su casa…
“Y lo que habrá tardado en cogérsela”, pensé y seguí escuchando:
- No sé. Nunca tuve un flash con ella. En cambio con vos sí…- dijo Ferni tímidamente- Lástima que las cosas terminaron como terminaron, ¿no?
Y en ese momento me sentí una hija de puta, pues mi ego ya había logrado escuchar lo que quería y experimentaba satisfacción. Pero a la vez mi razón me hacía sentir culpa, pues sabía que Ferni no me iba a gustar ni con todos los arreglos que me había imaginado hacerle. Por eso fui cortante:
- Bueno, perdoname, yo sé que terminé las cosas abruptamente, pero la verdad era que no podía seguir. No estaba enamorada.
- A lo mejor yo te presioné mucho, te demostré demasiado y quizá eso te asustó…
- Quizás, no sé… ¿ Y estás viendo alguna novela?- dije, para cambiar el tema, pues la situación me estaba incomodando. Además, sabía que a Ferni le gustaban las telenovelas también. Era una de las pocas cosas que teníamos en común.
- Si, una colombiana que está bárbara: “Hasta que la plata nos separe”.
- Ah…si… Leí algo de esa novela, es de dos que se enamoran después de tener un accidente de auto. La tengo en la lista de las que tengo que ver.
- Bueno, entonces no te la cuento. Es muy divertida, cuando puedas mirala. ¿Y vos?, ¿cuál estás viendo ahora?
- Una de Lucia Méndez que le manda a Carla un mexicano por internet. No sé qué le habrá prometido ella a cambio, pero el mexicano es muy cumplidor. Todas las semanas nos sube diez capítulos de la novela a Rapidshare….
Y seguimos hablando de novelas el resto del tiempo que estuvimos en el restaurant. Yo disfruté de un postre llamado “Infierno de chocolate” y luego atiné a sacar la billetera para pagar una parte de la cuenta. Pero Ferni no aceptó mi ofrecimiento y pagó la factura entera.
Me levanté de la mesa sintiendo culpa por los pensamientos que Ferni me provocaba, pero bien dispuesta a llevarlo en mi auto para depositarlo en su casa lo antes posible.
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