Buenos Aires, mayo de 2009.
DÍA SIETE: Gastón F. seguía sumido en una terrible depresión. En el pasillo de la empresa me contó que había llamado a su ex novia y que ella le había ratificado su decisión de no seguir adelante con la relación.
DÍA OCHO: Gastón F. me invitó cenar a Mc Donald’s a la salida del trabajo. Mientras comíamos me contó que había engañado varias veces a a su ahora ex novia, con compañeras de la facultad y hasta con amigas de ella. Me dijo que nunca pasó de unos cuantos besos con esas mujeres, porque no se animó a tener intimidad, pero yo igualmente me di cuenta de que si él había hecho eso, mucho no la quería a la que fue su novia, y se lo dije. Gastón F. se molestó un poco al oír mis palabras y se defendió argumentando que unos besos con otras mujeres no significan nada en la vida de un hombre.
DÍA NUEVE: Mi compañero me dijo: “Siento que tengo algo clavado en el pecho, ¿estaré teniendo un problema cardíaco?” y yo le contesté: “No, es la sensación de angustia“.
DÍA DIEZ: Gastón F. no vino a la oficina porque no se sentía bien. No recibí más noticias de él durante ese día.
DÍA ONCE: Analia Bagayo y Mauro L, los jefes, retaron a Gastón F. pues estaba cometiendo demasiados errores. Mi compañero me dijo que esos errores se debían a que no podía concentrarse en el trabajo porque extrañaba mucho a su novia, y que sentía que se iba a morir en cualquier momento. Le sugerí consultar a un psiquiatra y Gastón F. se entusiasmó con la idea, pero no sabía en dónde conseguir uno que lo atendiera rápido. Entonces le di el teléfono de mi psiquiatra, la Doctora Delia Rincón. Gastón F. la llamó y ella le dio un turno para el día siguiente.
DÍA DOCE: Gastón F. me contó que la Doctora Delia Rincón le había parecido muy extraña, porque revoleaba mucho los ojos y, según él, se le salían para afuera. “Eso es por estar tanto tiempo con locos. Debe hacer mal, te deja la cara como de manicomio”, concluyó mi compañero. También me informó que la Doctora Delia Rincón lo había medicado con paroxetina, un antidepresivo.
DÍA TRECE: Gastón F. creía que el medicamento ya le había hecho efecto y que por eso se sentía bien. Le informé que la paroxetina no alivia los síntomas de la depresión sino hasta después de quince días, por lo que su mejoría seguro se debía al efecto placebo.
DÍA CATORCE: Mi compañero volvió a su estado depresivo. Me invitó a tomar un café y lloró mucho. Me dijo que jamás volvería a querer a otra mujer. Le dije que no pensara así, que siempre podía haber alguien más allá y que seguro pronto sentiría algo por alguna otra chica.
DÍA QUINCE: Gastón F. no se acercó a hablarme en todo el día y perecía estar mejor.
DÍA DIECISEIS: En el pasillo de la empresa me encontré con Gastón F. y le pregunté:
-¿Cómo estás?
- Hoy muy bien- me contestó con una sonrisa
-¿Por qué? ¿Pasó algo bueno?
- Algo de eso, pero todavía no te puedo decir.
Y luego de ese pequeño diálogo de pasillo, ya no buscó consuelo en mí. Su estado anímico mejoró notablemente en las jornadas posteriores. Volvió a reírse y a hacer chistes como siempre. Pensé que se había reconciliado con su novia, pero me sorprendí al saber que no había sucedido eso cuando un día lo encontré de nuevo deambulando cerca de la máquina de café del pasillo de la empresa y lo encaré:
-¿Y, Gastón? ¿No me vas a decir qué te pasó que te mejoraste tan rápido?
- Sí, sí, te voy a decir, pero por favor no le digas nada a nadie, no quiero que se enteren en la oficina todavía.
- No, no digo nada, no te preocupes- dije.
- Bueno, te cuento, pero solamente porque tenías razón en algo que me dijiste: “Siempre hay alguien más allá .“
- Ah - dije pensando en quién sería ese alguien.
- Soy de nuevo el de antes porque estoy saliendo con una chica hermosa, divina, espectacular, que nunca pensé que me daría bola. No sabés lo que es la piba – dijo mi compañero con los ojos iluminados por la ilusión.
-No, la verdad que no sé, si no me decís quién es…
- ¿Quién va a ser? La mejor de la empresa: Potus Reloaded - dijo Gastón F., aunque llamando a “Postus Reloaded” por su verdadero nombre.


