Morir un poco

Una noche de ese diciembre de 2008 tuve dos festejos de fin de año. Generalmente no tenía muchos compromisos sociales, pero esa vez se me habían juntado dos y por consejo de mi psiquiatra, la Doctora Delia Rincón, no podía perderme ninguno.

De manera que me produje lo más que pude y traté de ilusionarme, esperando pasar una noche “feliz”. El plan era el siguiente: comer un asado en la casa de mi compañero, Gastón G., en primer lugar, y luego festejar el fin de año en un boliche, con un grupo de conocidos de la facultad.

Pero la esperanza de una noche feliz se transmutó en una realidad desdichada, algo que a esa altura ya resultaba un clásico en mi vida. A continuación apreciarán el por qué de esta afirmación.

1) “El asado”. Invitados: todos mis compañeros de la oficina. Los lindos, Mauro L. y Martín N., concurrieron solos, sin novias. Rubén G., en cambio, llegó acompañado de  la suya, una mujer bastante fea que acusaba 32 años pero que se veía como de 40. El hecho me sorprendió, ya que Rubén G., el enano maldito, a pesar de no tener nada bueno que aportar a la estética del mundo, se la pasaba criticando y encontrando defectos en toda mujer que se aparecía ante él, con excepción, claro, de Ernestina T., “el Potus”, a la que consideraba muy atractiva por ser ella, según él, “muy femenina”.

Y yo no esperé nada bueno de ese encuentro desde que, justamente, a la llegada de “el Potus”, todos los hombres presentes se miraron con complicidad, muy contentos porque Ernestina T. había concurrido sin su novio a la reunión. Fue entonces cuando, a causa de la  carencia de expectativas amorosas en ese ámbito,  decidí entregarme a los placeres del buen vino para pasar el rato, hecho que más tarde terminó provocando en mí un estado de “alegría verborrágica”, que se manifestó en forma de alabanzas al muy buen sentido del humor de Rubén G., comentarios sobre lo mucho que me hacía reír en la oficina y demás.

No me había dado cuenta del carácter apasionado de mis elogios hasta que la novia de Ezequiel Z. (a la que había conocido esa noche) se acercó a decirme que la cortara, que la novia de Rubén G. se había incomodado y que si estaba enamorada de él arreglara el asunto en otro lado. No podía creer lo que había escuchado, pues nunca había visto a Rubén G. como un hombre potable para mí y me daba mucha rabia que los demás pensaran que yo tenía algún interés en él.

Por suerte el incidente quedó ahí y pronto el asado llegó a su fin. Como había ido en auto a la reunión, me tocó la tarea de repartir a los asistentes que vivían cerca del boliche adonde debía encontrarme con el grupo de la facultad. Así es como dejé a Rubén G y a su novia en el domicilio de ésta y a Ezequiel Z. y a su respectiva en una parada de colectivo, quedando en el asiento de atrás de mi auto  Mauro L. y “el Potus”. Esperaba que alguno se pasara al asiento de adelante, pero ninguno de los dos lo hizo, pues estaban muy entretenidos en una engolosinada conversación que no alcancé a escuchar atento su bajo volumen.

Me sentí una taxista sin derecho siquiera a cobrar tarifa por el trayecto que va de Palermo a Belgrano, lugar en que se bajó del auto Mauro L. Luego, seguí un tramo corto con “el Potus”, ahora sentada en el asiento de adelante. Traté de encontrar algún tema de conversación con ella, pero la tarea resultó infructuosa, en virtud de la incompatibilidad de caracteres que existía entre las dos.

Y ni bien  Ernestina T.  se bajó del auto, traté de olvidar la situación indeseada que había vivido recién, pensando  en que la noche todavía me podía deparar algo bueno. Después de todo, mi compañero Carlo V.iba a concurrir al festejo con el grupo de la facultad y yo estaba convencida de que él gustaba de mí…

2) “El festejo de fin de año con el grupo de la facultad”.  Una vez en el boliche, mi humor comenzó a mejorar, pues Carlos V. parecía mirarme con ganas y yo estaba dispuesta a darme unos besos con él durante la noche.

Pero cuando más entretenida estaba hablando con Carlos V. , se acercó a nosotros una compañera amiga, Belén M., que estaba a su vez acompañada por una chica paraguaya, que había venido hacía poco tiempo a estudiar  a la Argentina. . 

Nunca supe  exactamente cómo, pero unos minutos después  de ese encuentro Carlos V. desapareció completamente de mi vista.

Lo busqué con la mirada durante un rato largo. En esa búsqueda me di cuenta también de que a la compañera paraguaya tampoco se la divisaba en el horizonte. Pero no podía ser. Era algo increíble. No podía pasarme esto a mí de nuevo. ¡Dios!¡ ¿Cuántas veces más?!

Y la respuesta fue  una más, por lo menos.

Porque luego de caminar unos pasos, encontré a Carlos V. bailando y diciéndole cosas al oído a la paraguaya. En ese momento todas mis fantasías acerca de él y su supuesto amor por mí se esfumaron, mientras una sensación de angustia que me oprimía el pecho se había apoderado de todo mi ser.

Una pastilla de clonazepan de 0,5 me ayudó a pasar el mal trago,  a disimular mi amargura, y  a ensayar  una cara que acompañara la diversión del resto de mis compañeros, todos unos ocho años menores que yo (recuerden que estaba estudiando mi segunda carrera universitaria)

Cuando el festejo en el boliche llegó a su fin, respiré aliviada, pensando en que mi cama me estaba esperando, porque lo único que deseaba en ese momento era dormir veinte años seguidos.

Pero el camino hacia el sueño no estaba tan allanado como suponía. Todavía me esperaba una instancia más de sufrimiento. En efecto, Belén M. me pidió que la alcanzara hasta su casa en mi auto y, por supuesto, la paraguaya y CarlosV.  también me solicitaron lo mismo.

Entonces, por segunda vez en una misma noche, tuve que soportar la escenita romántica en el asiento de atrás de mi auto, ya que la paraguaya y Carlos V. no pararon de besarse, mientras yo hacía esfuerzos muy grandes para poder prestarle atención a  la conversación que me proponía Belén M., que viajaba a  mi lado en el auto.

Por suerte el recorrido fue corto. Los deposité a todos en la casa de Belén M. para luego seguir el camino hasta mi adorada cama.

Y una vez sola en el coche, al fin pude edulcorar mi angustia escuchando la canción “Morir un poco” de Lucía Méndez. Porque así me sentía, muriendo un poco cada día…

14 Respuestas a Morir un poco

  1. Te sigo Ana! no la cortes, me muero de curiosidad x saber k paso despues!

  2. Si, y a pesar del drama que fue para mí, te puedo asegurar que no tiene desperdicio lo que sucedió después.Pero tuve que escribir desde el prinicipio, porque no podía seguirlo de otra manera.
    Te mando un beso y no lo voy a cortar

  3. ya me volviste a atrapar. saludos

  4. Saludos, Karin4.
    Besos! Feliz año!

  5. Hola Ana!! Uyyy… las veces que me habrè sentido descolocada en las reuniones. Ni hablar en un boliche, nunca fue mi lugar!!! Besos!!!

  6. Al parecer el mío tampoco, pero si no me hubiera pasado lo que me pasó esa noche, tal vez me hubiera sentido mejor.
    Besos, Amely y feliz año!

  7. Feliz Año para vos tambièn!!!
    Ya veremos si lo que siguiò fue mejor, te sigo leyendo!!
    Besitos!!

  8. Nos atrapaste a nosotros tambien.

    Valora en upnews.es: Una noche de ese diciembre de 2008 tuve dos festejos de fin de año. Generalmente no tenía muchos compromis…

  9. La verdad es que cuando te sientes sola, ver a otros disfrutar en pareja te toca la moral y saca bastante de quicio! Será egoísmo y envidia pero es un sentimiento absolutamente humano y lógico!

  10. Si, Aliena, obvio. Es humano y lógico. Encima ver los nacimientos de parejas y que una esté ahí, sóla, como siempre. Horrible.
    Besos!

  11. que bajon, hay que empezar a cobrar el viaje al menos!! Espero que haya mejorando. Sigo leyendo….

    Besos!

  12. Te re entiendo con lo de la facu… Tenía la esperanza de conocer a alguien ahí… Pero la primer carrera pasó y nada… Ahora yo tb voy por la segunda y obviamente, todos son, como decís, más jóvenes…

  13. Ah, bueno, otra igual que yo, que sigue otra carrera.
    Un beso

  14. ok…Ana me preocupa ver que hasta aca siempre ves lo negativo de la situacion, o tal vez te enfocas solo en eso…te sentis usada, y veo que manifestas inseguridad con repsecto a otras mujeres…pienso que si siempre ves lo malo de una situacion, no queda nada para ver que podrias cambiar…tus emociones ,como te sentis, van en funcion de otras personas…igual me consuela pensar que esto fue hace 4 años..ojala la situacion sea diferente ahora, insisto todas pasamos algo semejante en algun momento de nuestra vida….

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